Todos conocemos el video doméstico, en formato VHS o DVD, que nos
permite ver películas o nuestro último viaje a Canarias con nuestro
reproductor de video, sentados tranquilamente en el sofá del comedor.
Los videos en Internet, que podemos ver sentados en la silla giratoria
delante de nuestro ordenador, son algo diferentes. La esencia es la
misma: imágenes en movimiento, pero la calidad es diferente, porque es
inferior. A la espera de la llegada de las líneas de banda ancha, hoy en
día cualquier video que se quiera transmitir por Internet ha de pesar
poco. Para ello, ha de estar comprimido al máximo, lo que significa que
ha de perder algo de calidad, para transmitir sólo lo esencial. Si en un
video doméstico cada segundo tiene 25 frames, un video por Internet sólo
tendrá entre 5 y 15. Hay diferentes formatos de video en Internet, cuyas
principales virtudes están relacionadas con su gran capacidad de
compresión (asf, mov, mpeg, avi, rm...) y varios reproductores (Windows
Media Player, Quicktime, Real Media...). Lo más habitual es que los
videos se transmitan en Internet con una tecnología llamada "streaming"
(algo así como "fluyendo"), que permite que el video se pueda ir
visualizando mientras va llegando a nuestro ordenador, sin necesidad de
esperar a que se descargue totalmente. En algunos casos, para que los
usuarios puedan guardar los videos en su discos duros, éstos se
comprimen en formato zip. De este modo, pesan algo menos y se pueden
descargar como cualquier otro fichero de Internet hacia nuestro
ordenador, donde podremos verlo en local cada vez que queramos, sin
necesidad de estar conectados a Internet.